Tenemos el honor de tener como invitada a Yelina Nieto Guarirapa, ingeniera civil, casada con Oliver Neumeister, madre de cinco hijos y de cuatro hermosos nietos; quien además de haber ejercido su profesión, en los últimos 13 años se ha dedicado a escribir libros, dar clases, charlas y cursos dirigidos a todas las edades. Su gran propósito, al igual que su madre, es transmitir los principios de la buena educación, para lograr la armonía en las relaciones.

Nuestra invitada le dedico este artículo a su Madre, que fue un gran ejemplo e inspiración para todas las mujeres, ya que a pesar de cumplir sus 98 años, aún sigue activa y no se rinde a pesar de todos los obstáculos que se te presenten en la vida. Personalmente la conocí y es de esas personas que dejan huellas y con mi gran curiosidad, de ver tanta energía, a su edad y aprovecha cada instante de su vida para disfrutarlo, le pregunte, cual era su secreto y me respondió, con palabras muy sabias, que su mejor medicina era viajar y recorrer el mundo; y se ahorraba mucho dinero en médicos. Por supuesto está en lo cierto, está comprobado científicamente que viajar mejora la salud mental y física. A continuación, tenemos el artículo que nuestra escritora le dedicó a su Madre, como ejemplo de mujer perseverante, luchadora, siempre dispuesta a dar lo mejor de sí misma, dejando profundas huellas en todos las que la han conocido.

<<Hablar sobre mi madre es una experiencia muy interesante. Les voy a contar porqué… Mi madre – Carmen Rafaela Guarirapa de Nieto – es una persona que no era el prototipo de la madre que yo veía a mi alrededor. Vamos a remontarnos al comienzo de su vida. Nació en Clarines, Estado Anzoátegui, en el oriente deVenezuela. Sus padres eran hacendados quienes provenían de una mezcla de razas: nativos venezolanos, franceses, españoles y quien sabe… alguna otra nacionalidad o raza que lamentablemente desconozco. No sabemos – con exactitud- si este 17 de marzo del 2021 cumplió los 98 años, porque en la época de su nacimiento – 17 de marzo de 1923 – se sumaban o restaban años en el registro, debido a diferentes circunstancias. Ha tenido una vida súper interesante, porque mi progenitora ha visto muchos cambios en la historia nacional e internacional. Ha vivido dictaduras, democracias, la bonanza que experimentó Venezuela con la explotación del petróleo y actualmente, la devastación de nuestra nación. Se ha maravillado y disfrutado con los adelantos – en las vías de comunicación, tecnológicos, medicinales, electrónicos y otros – que han ido apareciendo a partir del siglo XX.

Su amor por la lectura fue muy grande desde muy pequeña. Gracias a los libros y a su gran deseo de aprender, viajó alrededor del mundo por medio de las descripciones que los autores narraban en sus relatos. Nunca se limitó a leerlos sólo a plena luz del día, sino que, si de noche apagaban la planta eléctrica en la hacienda, buscaba velas o lámparas de kerosene para alumbrarse y seguir leyendo. Su madre – mi abuela Carmen Manuela Motaban de Guarirapa – a los veintiocho años quedó viuda con cuatro hijos. Aunque mi abuela les dio una excelente educación a mi madre y tíos desde que nacieron – la instrucción la recibieron en el colegio – con deseos de darles un futuro mejor a sus vástagos, busca la manera de mudarse a Caracas, capital del país, lugar donde se podía disfrutar de más cultura y civilización. Dejan atrás las haciendas – eran tres propiedades que pertenecían a la Familia Guarirapa – y también la vida que con lleva el campo, lo cual debió causarles a mi abuela, madre y tíos, un gran sentimiento de pérdida. Aunque Papa Julio, el tío había favorito de mi mami, había comprado el primer auto que se veía en el área – mi madre y su familia -disfrutaban de la sensación maravillosa que da la libertad de moverse libremente acaballo o caminando. Además, convivir con la naturaleza, tomar los frutos directamente del árbol y deleitarse con productos frescos recién hechos – como el queso o las arepas recién piladas – fueron detalles que extrañarían en la ciudad. El ritmo de una urbe es diferente, Caracas era la metrópoli más habitada de la nacióne n el año de 1937. En aquella época, la población total de los Estados Unidos de Venezuela – como se llamaba antes mi país – era de 3,565,014 de habitantes. Mi madre, por aquel entonces, vio llegar a muchos extranjeros de distintos lugares del mundo que huían de la Segunda Guerra Mundial, de la Guerra Civil Española o de otros problemas políticos o económicos; y como muchos de los lugareños, le dieron la bienvenida y los apoyaron de la manera que podían. Los venezolanos abrieron sus mentes y corazones para aceptar nuevas ideas. Ampliaron la gastronomía local y hasta aprendieron a escuchar y bailar otros ritmos.

Mi progenitora desde muy joven se fijó como meta, ayudar a su familia a tener una mejor situación económica. En aquel tiempo – la familia ya instalada en Caracas – dependía mucho del dinero que provenía de las haciendas; y para no cambiar de historia, no les alargaré este escrito explicándoles quien quedó a cargo de las posesiones de la Familia Guarirapa.

Como ya les he comentado, el amor de mi madre por el aprendizaje era tan grande, que a los catorce años ya era capaz de transmitir sus conocimientos a niños más pequeños y ejerció el noble oficio de ser educadora. Lo bueno de su actividad es que cuando uno educa, también aprende mucho. Cuenta que no sóloenseñó matemáticas, castellano y otras materias, enseñó también la asignatura que debería ser la más importante de todas – la materia de los buenos modales –la cual nos ayuda a como convivir en armonía. Materia que siguió impartiendo años posteriores y esos conocimientos beneficiaron a jóvenes, que luego se convertirían en grandes personajes de la sociedad caraqueña.

Su juventud fue bien entretenida viajando dentro de Venezuela y disfrutando de la unión familiar y de sus amigos, quienes la han acompañado a través de los años. Su ejemplo ha ayudado a su descendencia a darle un gran valor a nuestras relaciones humanas. Sus amigas las ha conservado como un gran tesoro, ¡por suerte! algunas todavía viven. La típica muchacha de su época se quería casar joven, alguna sin tener ni siquiera la mayoría de edad. En el caso de mi madre, fueron muchos los pretendientes que quisieron llevarla al altar, pero ella tenía demasiados sueños, demasiadas cosas que quería hacer antes de darle un «sí» aun enamorado. Además, el buen comportamiento – llámese modales o el saberestar – era el primer punto que mi madre tomaba en cuenta en un hombre, debía ser todo un caballero. Cuando conoce a mi padre, ella sintió que era como haber estado parada en el andén de una estación de ferrocarril, donde ves pasar muchos trenes, hasta que notas cual es el que te corresponde y en el cual vas a viajar el resto de tu vida. Y así fue.

Mi padre – Tarcisio Nieto Mendoza – y mi madre – Carmen Rafaela Guarirapa Motaban – se conocen, se enamoran y se casan en 3 meses. Normalmente recomiendan a las parejas conocerse mejor antes de casarse – como mínimo seis meses – y de esta manera, no solamente funcionarán las hormonas sino también las neuronas, para que las parejas puedan tomar una decisión más analizada. Cuando tú le preguntas a mi mamá: “¿Por qué elegiste a mi papá si tú tuviste varias conquistas donde seleccionar?” Y… ¿saben cuál es su respuesta?: “Por su esmerada cortesía”. Aunque no lo menciona, mi padre además de ser un hombre muy educado y culto – al igual que mi madre le fascinaba leer -también era muy buen mozo. Mi padre nació en Rubio, Estado Táchira, Venezuela. Había estudiado en Bogotá, Colombia y llega a Caracas para revalidar su título de arquitecto. Tengo entendido que obtiene su diploma en la primera promoción de arquitectura y urbanismo en la sede de la Universidad Central de Venezuela ¿Qué hizo que mis padres a pesar del poco tiempo de conocerse cumplieran las Bodas de Oro juntos? El verdadero amor, los buenos principios y – sobre todo – la buena educación. Lamentablemente mi padre muere antes de que ambos cumplieran las Bodas de Diamante.

Continuemos la historia, como muchas las parejas estaban emocionados de tener descendencia. Mi madre en su primer embarazo tiene una situación digna de ser contada. Al nacer mi hermana, mi mamá muere ¡Si! medicamente, muere. Su corazón se detiene y no tenía signos vitales. Mi padre, en medio de la incertidumbre que la situación presentaba, le pide a una de las enfermeras que trajera a mi hermana – quien hasta ese momento se iba a llamar Carmen Rosa – y que se la colocaran en el pecho de mi madre. Para sorpresa de los presentes -entre los cuales estaba el obstetra que atendió a mi mamá, el Dr. Miguel Yáber Pérez – mi mami abre los ojos como si nada hubiera pasado ¡Todos se quedan atónitos! Eso de presenciar a una persona muerta… revivir, como en los milagrosde Jesucristo contados en la Santa Biblia, no lo habían experimentado antes ¡Lógico! yo no estaría viva si ese prodigio no hubiera sucedido y no les podría estar contando esta historia. Por lo tanto, a mi hermana Carmen Rosa – nombres de las abuelas materna y paterna, le cambiaron el nombre por Milagros Josefina. Es bueno mencionar que todos los descendientes de Carmen Manuela Motaban de Guarirapa tienen por segundo nombre José o Josefina – menos mi persona – quien nací el 24 de mayo, día de la Virgen Auxiliadora, hecho que inspiró a mis padres a inscribirme en el registro como Yelina Auxiliadora Nieto Guarirapa

Toda esta situación en la vida de mi madre la hizo más fuerte. También comprendió un poco más el porque estaba aquí en esta tierra. Yo no tengo en mi mente la imagen de la madre típica que está cocinando, lavando o que está haciendo oficios en el hogar. Nuestra nana vivió muchos años con nuestra familia, además de otras asistentes que trabajaron en casa y que se encargaban de las labores cotidianas que conlleva las tareas domésticas. Mi madre las trataba tambien, que permanecían con nuestra familia mucho tiempo, algunas hasta que se casaban.

Mami nunca aprendió ni siquiera a freír un huevo porque viniendo de la vida en una hacienda, siempre contó durante su infancia, adolescencia y hasta después de casarse, con la ayuda de empleadas que cumplían con esas funciones. En su caso desarrolló muchas habilidades con las cuales logró ser muy admirada, no solamente por su familia, también por amigos y por personas que han tenido el gusto de compartir momentos en su vida. El que, si cocinaba como un gran chef, era mi padre.

Mi mamá tomó infinidad de cursos. Una característica muy bella de su parte es que siempre pensó antes de hablar. Siempre ha tenido palabras muy amables y alentadoras usando constantemente un correcto castellano. Las palabras soeces no están en su vocabulario. Su escritura ha sido continuamente inmaculada, cuida su ortografía y signos de puntuación, porque ella piensa que tu imagen se ve reflejada en la forma como te expresas y en tu escritura. Come siempre con una gran elegancia – verla usar los cubiertos de una manera tan apropiada – ha impresionado hasta a diplomáticos cuando han compartido la mesa con ella. Contemplarla comer un pescado – lo cual logra hacerlo sin tener problemas con las espinas – causa admiración. Perteneció a varias organizaciones como el Movimiento Familiar Cristiano, Voluntariado para ayudar a enfermos en hospitales, ayudó mucho a las Industrias Venezolana de Buena Voluntad; y donde definitivamente hizo una excelente labor, fue en el Garden Club de Caracas.

Mi madre comienza y preside este club de jardinería. Sus excelentes modales le permitieron no solo relacionarse con las altas esferas nacionales, sino que también siempre fue bienvenida en las diferentes actividades que organizaban las damas diplomáticas en nuestro país. Su preparación para llegar a ser juez internacional de arreglos florales, le tomó muchos años que valieron la pena, porque logró destacarse nacional e internacionalmente. Era impresionante cómo trabajaban esas señoras – las integrantes del Garden Club – en enriquecer los parques, las calles y avenidas con hermosas plantas florales, al punto que eran admiradas y felicitadas por la comunidad. Lograron hacer en Venezuela asociaciones como esta en otras ciudades; además, también representaban a nuestro país en diferentes exposiciones en el entorno internacional.

Con una madre muy activa en muchas actividades, aprendí a admirarla enormemente y sigo haciéndolo. A valorar cada segundo que podía contar con su presencia, ya que su agenda siempre estaba colmada entre su trabajo como artista floral (era reconocida entre los tres mejores en Caracas), sus actividades sociales y sus viajes ¿Recuerdan que les conté que de niña viajaba por medio de los libros? Después ha logrado visitar varios continentes. Ella les tenía pánico a los aviones – una muestra de buena educación es saber controlar nuestras emociones – en su caso, lograba no sólo dominar sus enojos o mal momentos, también controlaba su miedo a volar. Una de sus sabias frases es:»Si tu dejas suelto tu carácter es como un caballo que se puede desbocar». Su alegría era inmensa al estar físicamente en alguno de los lugares que anteriormente había visitado por medido de la lectura. Conoció casi toda América, de norte a sur, gran parte de Europa occidental, varios países de Asia (se enamoró de Japón), y su relato sobre Marruecos es muy entretenido.

Mi madre nos ha enseñado – a sus 5 hijos – a lograr meta tras meta – y que puedes llegar muy lejos, como ella lo hizo ¿Cómo? Nunca se ha puesto obstáculos. Hasta cuando su cuerpo se lo permitía, era impresionante como ella decía quiero ir de aquí allá y no le importaba si caminaba, corría, montaba un caballo; o se iba en algún transporte terrestre, marítimo o aéreo. Lo importante era llegar al lugar de destino.

Le han pasado muchas situaciones como varios retos – algunos fáciles y otros más complicados – como sobreponerse a las caídas económicas o físicas. La más grave de las caídas físicas, le sucedió a los 80 años en la entrada de un hotel en un viaje a Illinois. Pudo haber quedado invalida, pero cooperó con los doctores y enfermeras en su operación y recuperación. Todavía camina actualmente con la ayuda de un bastón o una andadera – pero camina. Nunca se ha rendido ante las adversidades que se le han presentado en su existencia.

Como mencioné al comienzo, le faltan dos años para cumplir un siglo según la fecha que aparece en sus documentos. La edad exacta nadie la conoce, porque mi tía Mercedes – la hermana menor de mi madre – dice que ya tiene más de 100 años. Aunque ya no tiene las energías que poseía a los 30, ni las que tenía a los 70 años, llego a la conclusión que su misión en esta vida todavía no ha concluido. Sigue siendo una gran inspiración para sus hijos, yernos, nietos, bisnietos, de más familiares y para las personas que tienen el gusto de pasar momentos con ella.

Las razones por la cual le dedicó este artículo a Carmen Guarirapa de Nieto, no son para elogiarla solamente, es para hacernos reflexionar que no somos copias de nadie. Cada ser humano viene a realizar una misión. A algunos les toma días, pocos años o hasta un siglo para cumplir su cometido. Puedes lograr lo que tú quieras, no importa la pureza de tu linaje o si eres una mezcla de razas, ni cuál es tu tamaño – mi madre mide sólo 1.50 metros – ni tu belleza física. El primer título en la vida que debemos obtener – es el ser una excelente persona; y además de capacitarnos académicamente, debemos comportarnos muy bien en cualquier lugar donde nos encontremos. Ese será el verdadero secreto para llegar tan alto como sean tus metas; y donde vayas, se te abrirán las puertas de par en par. No importa si naciste en medio de fauna, flora y vegetación – tú como ser pensante -debes buscar continuamente ser mejor, único e irrepetible. No te pongas obstáculos, ve siempre la vida hermosa. Cuida siempre de ser empático y de tener un comportamiento adecuado para poder convivir armónicamente en tu país y con otras civilizaciones alrededor del mundo. Que por donde pases, tu presencia siempre sea recordada positivamente. ¡Que Dios siga bendiciendo a mi madre y a los lectores de este artículo!>>

Yelina Nieto

Todo el equipo de Unimisionnoticias , le agradece a nuestra invitada especial, Yelina Nieto, de este valioso articulo, dedicado a su madre y a todas las mujeres del mundo, ya que aportamos tanto a esta sociedad y somos una fuerza imprescindible en el mundo, y de las futuras generaciones. Nos necesitamos unas a otras, en estos tiempos difíciles, de unirnos y motivarnos de mujeres que inspiran a otras a ser mejores y hacer de este mundo un mundo mejor, que no se pierdan los valores, el respeto y la educación, para todos poder vivir en armonía.

Giuseppina Farach

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